Muse, una banda que marca un antes y un despues

Morello, un fan histórico de la banda, dice que Muse “es un logro único, que hace política a través de un espectáculo grandilocuente al estilo de Queen.

“Comportamiento muy errático.” Matthew Bellamy acompaña sus palabras con una sonrisa tímida y complacida. El cantante, guitarrista y principal compositor del trío de rock Muse recuerda los informes de su época escolar en Teignmouth, una ciudad costera del sudoeste de Inglaterra. “Era ruidoso y me portaba mal”, reconoce Bellamy, de 34 años. “No rompía nada, más bien le respondía a la maestra. Tengo una mente errática. Soy muy inquieto, y me cuesta concentrarme en una sola cosa.”

“También me pasa lo contrario”, agrega bruscamente. “Me obsesiono con detalles raros que a otra gente no le importarían para nada.” La intensidad excéntrica y la energía nerviosa y polémica ocupan todo el escenario de la gira mundial de Muse, que comenzó en Estados Unidos el 21 de enero, precisamente en San Diego. Como showmen, Bellamy, el bajista Chris Wolstenholme y el baterista Dominic Howard son los Pink Floyd de su generación. El último espectáculo de Muse incluye láseres violetas y complejas proyecciones en una pirámide invertida de pantallas que cuelgan suspendidas sobre la banda. Debajo, Bellamy, con un traje de cuero negro, adopta poses de guitar hero y dispara efectos que parecen scratching en un tocadiscos, como si fuera una mezcla de Jimmy Page de Led Zeppelin y Tom Morello de Rage Against The Machine.

Pero es un show de rock progresivo cargado de un terror poco convencional: un apocalipsis inminente de calamidades ambientales y colapso socioeconómico. Bellamy, que es adicto a los noticieros y ávido lector de literatura científica, eligió el nombre del último disco de Muse,The 2nd Law, por la segunda ley de la termodinámica, que advierte que el movimiento permanente y el crecimiento ilimitado son insostenibles. “Todo lo que hay en nuestros genes nos enseña a pelear y a sobrevivir, a buscar más”, explica Bellamy. “Pero vivimos en una época en la que hay que recelar de eso.” En un momento dado del show, las pantallas muestran a un grupo de jóvenes escapando de las fuerzas desatadas de la naturaleza a través de unas ruinas industriales.

Morello, un fan histórico de la banda, dice que Muse “es un logro único, que hace política a través de un espectáculo grandilocuente al estilo de Queen. Es difícil ser una banda de estadios en esta época de la historia. Es aun más difícil tocar en estadios y tener un mensaje”. Pero, según Morello, Muse “hace shows a gran escala con letras inteligentes. La fuerza de la banda hace que se entienda el mensaje”.

Sin embargo, Bellamy no ha cambiado demasiado respecto de esos informes escolares, según afirman sus compañeros, que iban juntos a la misma escuela de Teignmouth y formaron la banda en 1994, inspirándose en Rage, Rush y Nirvana. “A veces, pareciera que está loco”, dice Wolstenholme, de 34 años. “El cerebro de Matt funciona a mil revoluciones por minuto. Siempre está tres o cuatro pasos adelante del resto.”

“A veces Matt se pone obsesivo”, confirma Howard, de 35. “No es fácil seguirle el ritmo.” Bellamy no para un segundo durante el almuerzo en un hotel de Manhattan. Es un tipo enjuto, de contextura compacta, y siempre tiene alguna parte del cuerpo en movimiento: las manos, un pie que golpea contra el piso, o una rodilla que rebota. La conversación también salta de un tema a otro, de la niñez de Bellamy a los primeros años de Muse (“era un controlador total”), hasta la paternidad, que tuvo el efecto de centrarlo. Bellamy, que tiene un hijo de 19 meses, Bingham, con su pareja, la actriz Kate Hudson, dice que compuso “Follow Me”, de The 2nd Law, para “amigarme con la idea de proteger a otra persona, de querer crear seguridad”.

El cantante habla sobre su propio padre con alegría y cierta envidia. A principios de los 60, George Bellamy era el guitarrista rítmico de los Tornados, la banda británica cuyo instrumental de rock espacial “Telstar” fue Número 1 en Estados Unidos en 1962. Compartió escenarios con los Beatles y participó en sesiones con Jimmy Page antes de que formara Zeppelin. “Me dan ganas de preguntarle cosas sobre esa época”, dice Matt. “Pero en aquellos tiempos, él era un trabajador contratado. No se pagaban regalías.” En Teignmouth, George dirige una constructora con su hermano.

Matt tenía 12 años cuando se separaron sus padres. Gran Bretaña atravesaba una profunda recesión. “Mi familia básicamente estaba en la quiebra”, explica. “Yo me quedé con mi mamá. Alquilábamos, nos mudábamos cada seis meses. Sin duda, de ahí surge mi interés por la economía.” También menciona a su hermano mayor, Paul, un prodigio de las matemáticas cuando estaba en la escuela, que ahora es un importante experto en la industria británica de las apuestas deportivas. “Me ayudó a entender el costado racional y matemático de lo que está pasando en el mundo.”

Howard reconoce que no tenía idea de qué era la segunda ley de la termodinámica “hasta que Matt la trajo a colación”. Pero Muse no es “una dictadura”, insiste el baterista. “Matt compone canciones sobre extrañas teorías universales. Nosotros las humanizamos.”

David Campbell, que dirigió las cuerdas, los metales y el coro en The 2nd Law (y que da la casualidad que es el padre de Beck), percibió un parecido entre Bellamy y otros dos tipos que conoce: Bono y The Edge, de U2. “Bono es el gran ideólogo, y The Edge es el tipo que está en todos los detalles”, dice Campbell, que trabajó con ambos en el musical de Broadway Spider-Man: Turn off the Dark. “Matt es las dos cosas a la vez. Tiene ideas precisas y exhaustivas. Pero si había algo que se podía mejorar, él estaba completamente abierto.”

Bellamy reconoce que hay una conexión indirecta con U2. Su madre, Marilyn, es de Irlanda del Norte y él se acuerda de los veranos que pasaba ahí en los 80. “Veía posters de propaganda con calaveras, chicos con armas, y en medio de todo eso, afiches con la foto de tapa de The Joshua Tree, en la que se los ve serios y con los pies sobre la tierra.” En su casa, Bellamy escuchaba los discos de U2 que su hermano ponía en la habitación. “Me recordaba esa imagen de Irlanda del Norte, el Conflicto. Le confería a U2 una autenticidad que se traducía en su música, no como esos productos armados que está claro que lo hacen por otros motivos.”

 

Fuente: Revista Rolling Stone Argentina

Leave a Reply

Your email address will not be published.